ANÁLISIS POST ELECCIONES: HUNDIMIENTO DE LOS NUEVOS PARTIDOS, DESACUERDO EN LOS VIEJOS

El día 26 de junio se produjeron las decimoterceras elecciones desde la Transición. Los ciudadanos decidieron volver a dar la victoria al Partido Popular, quien sigue sin conseguir los resultados necesarios para gobernar sin necesidad del Partido Socialista, quien por su parte cosecha los peores resultados de su historia. Ciudadanos y Unidos Podemos se hunden con escaños muy inferiores a los esperados (Unidos Podemos), y nefastos pero previsibles por parte de Ciudadanos.

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El primer dato curioso con respecto a la jornada electoral es la bajada de participación pasando de 73,21% en 2015 a un 69,84%. Este dato refleja que es la cuarta más baja desde 1979. ¿Es esta participación comprensible? Totalmente. La ciudadanía no está contenta con la situación actual, ni laboral, ni económica ni siquiera social. Otro factor a tener en cuenta son las recientes Elecciones Generales del 20 de diciembre, y al dar las encuestas un resultado muy similar al acaecido tras dichas Elecciones, el electorado no estaba por la labor de seguir teniendo un país ingobernable.

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Los nuevos partidos, abanderando la regeneración democrática siguen sin calar en la sociedad española, con Ciudadanos representando al espectro del centro y la derecha más progresista, y con Unidos Podemos representando la “socialdemocracia” y la izquierda en su conjunto. Las encuestas anteriores a que se celebraran las elecciones anunciaban una nueva etapa en el panorama político: el sorpasso. Unidos Podemos, gracias a la coalición con Izquierda Unida y a la captación de votos del Partido Socialista se consolidaba como la segunda fuerza política superando al PSOE y con una aproximación de 90-95 escaños; incluso las primeras encuestas a pie de urna manifestaban esto. Todo lo contrario; Unidos Podemos pierde votos y suma tan sólo dos escaños con respecto a las pasadas elecciones, un fracaso total teniendo en cuenta que se suman los votos de Izquierda Unida.

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Por su parte, Ciudadanos ya asumía por lo visto en las encuestas que se quedaría en torno a los 30 escaños, fracaso también por su pérdida de diez Diputados. Probablemente haya pasado factura la duda del elector con respecto a qué partido ayudaría Ciudadanos a ser investido. Quizá Ciudadanos pensaba que si expresaban públicamente que apoyaría al PSOE, perdería parte de su electorado que quiere investir a Mariano Rajoy, y si anunciaban su intención de investir al candidato popular, perdería al electorado que quería investir a Pedro Sánchez, y precisamente ese miedo a expresarlo es el que ha hecho que casi medio millón de votantes naranjas se hayan quedado en sus casas, porque nadie quiere votar con la duda de a quién irá su voto. Finalmente, tras conocer los resultados, los miembros de Ciudadanos y su líder Albert Rivera únicamente culparon a la Ley Electoral; falta mucha autocrítica.

A su vez, el Partido Popular sigue sumando escaños a pesar de que las encuestas auguraban una pérdida de entre 2-6 escaños. Consigue casi setecientos mil votos más que las pasadas Elecciones, traducidos en un aumento de 14 escaños, por lo que el electorado sigue confiando en el conservadurismo del Partido, que se ve reforzado y que hace que se consolide como la primera fuerza política con 52 escaños de diferencia del PSOE.

El Partido Socialista prefiere mirar por el retrovisor que mirar hacia adelante. Celebran el peor resultado de toda su historia por haber evitado el sorpasso. Pierden más de cien mil votantes y bajan cinco escaños, además de perder también cuatro Senadores con respecto al 20-D. Una vez demostrado que el votante sigue apoyando al Partido Popular, y una vez visto el batacazo socialista elecciones tras elecciones, Pedro Sánchez debería salvar el Partido inivistiendo a Mariano Rajoy como Presidente y quedándose en la oposición y reforzándose para volver a conquistar a su electorado y cambiar las tornas en la izquierda del espectro siendo ellos quien coman cada vez más terreno a Podemos y no a la inversa.

El Partido Socialista, Unidos Podemos, Ciudadanos y el resto de grupos parlamentarios votarían en contra en la primera votación de investidura de Mariano Rajoy, con la duda del voto de Coalición Canaria, pero en la segunda votación tanto PSOE como Ciudadanos se abstendrían. Esta abstención significaría que habría Gobierno: el Partido Popular y Mariano Rajoy gobernarían alcanzando la mayoría simple. Esta abstención no solo implica que por fin tengamos Gobierno y nos alejemos de asemejarnos a Bélgica (500 días sin Gobierno), implicaría además exigencias por parte de las formaciones socialista y naranja al PP a cambio de su abstención. Exigencias que podrían significar la derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana, el alcanzar un pacto por la Educación, o ya veríamos que más peticiones demandan.

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